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Si se enoja, no coma – Radio Comunidad Argentina
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Radio Comunidad Argentina / Alimentacion  / Si se enoja, no coma

Si se enoja, no coma

Llevamos un mecanismo antiguo sensible que detecta situaciones de lucha por la supervivencia, donde la opción entre devorar (atacar) o ser devorado (defenderse) hacen que el organismo obre en consecuencia.

Cada etapa del proceso digestivo está regulada por las hormonas gastrointestinales. Algunas de ellas actúan determinando el comienzo de una etapa, y otras como punto final. Cuando el bolo llega a la etapa gástrica se liberan las hormonas de comienzo de etapa gástrica, y cuando el bolo pasa a duodeno, se liberan las hormonas de finalización de etapa gástrica y las de comienzo de etapa intestinal. Es decir que cuando funcionan unas están inactivas las otras, y viceversa, y todo se hace en forma secuencial.

¿Como funciona nuestro organismo frente a los problemas?

Las funciones viscerales del organismo están regidas por el Sistema Nervioso Autónomo, que tiene dos partes: El Simpático y el Parasimpático. El simpático es llamado “el de la guerra” y el parasimpático, “el de la paz”. Cuando corremos, peleamos, competimos y discutimos toma el comando el simpático: se segregan catecolaminas (adrenalina, noradrenalina, etc.) con lo que aumenta las frecuencias respiratoria, cardiaca, la sangre va más a los músculos para facilitar la acción de huida o persecución, que al aparato digestivo.

Por lo tanto podemos decir que el simpático activa el corazón, los pulmones, el músculo, y relaja los esfínteres. Por eso, el animal asustado se orina o defeca en la carrera. También inhibe el tracto gastrointestinal y sus glándulas asociadas. Esto tiene su razón de ser, ya que es más importante que el animal defienda su vida antes de que digiera bien. La digestión adquiere, entonces, en un rol secundario. Primero está la vida.
En situaciones de calma se activa el parasimpático. Disminuyen las frecuencias cardíaca y respiratoria, y la sangre va más hacia el aparato digestivo que hacia los músculos. Por lo tanto, están dadas las condiciones para una buena digestión.

¿Por qué un entorno emocionalmente negativo es tóxico?

Dijimos que el simpático, que es el “socio” del stress, libera catecolaminas. Dentro de las hormonas gastrointestinales también están las catecolaminas, y por lo tanto, si se liberan mientras uno está comiendo (discusión, mala noticia, etc.) se “corta” la digestión. Las catecolaminas son muy eficientes en su función de dar prioridades: Si ellas hablan, las demás se callan. Se produce un “corte de la digestión” para dar prioridad a los estímulos que tienen que ver con la agresión, (huida, lucha, etc.) y el bolo puede quedar asentado durante un tiempo. Mientras tanto, fermenta, y los productos finales difieren de lo que era esperable. Por lo tanto, si el organismo tiene una buena opción de defenderse, optará por acelerar el tránsito y eliminar todo, sin dar lugar a una absorción masiva de toxinas. En cambio si se absorbe, sobrevendrán cuadros de cefalea, laxitud, dolor en todo o parte del abdomen y decaimiento general.

Podemos ver entonces, que ante una situación tensa, nuestro sistema digestivo queda relegado y adquieren prioridad otras funciones. Por más que actualmente vivimos en un contexto diferente donde un altercado puede no significar la diferencia entre la vida y la muerte, el cerebro no lo sabe. La herencia ancestral hace que el cerebro interprete ese estado como una lucha por la supervivencia. Por consiguiente le da prioridad a lo que atávicamente era apto para preservar la vida. La reacción es exagerada, pero la respuesta automática le da prioridad a lo que históricamente permitió la conservación de la vida. Si eso sirvió antes, también sirve ahora.

Otro punto importante: Cuando gozamos de buena salud, existen más de 1012 microorganismos benéficos que tapizan nuestro sistema digestivo, desde la boca hasta el extremo final. Esto es, nada menos que 10.000.000.000.000 de individuos, de aproximadamente 400 especies distintas, que uno a uno están cubriendo nuestras mucosas, e impidiendo que elementos extraños ganen esa posición. Además, su efecto benéfico se traduce en ayudar a la digestión, absorción, liberación de enzimas digestivas y vitaminas del grupo B y K.

Con el tiempo, las bacterias amigables envejecen y pierden variabilidad. Además, las situaciones de stress dijimos que detienen las acciones del parasimpático, para dar prioridad a las del simpático. Esto da pie a que las defensas naturales declinen, y entonces, los microorganismos patógenos (virus, hongos y bacterias de putrefacción) están menos controlados y ganan mayor poder. Por consiguiente, se absorben más toxinas. Estas van a asentarse en distintos lugares del organismo, causando malestar. Este malestar, posteriormente puede dar lugar a alergias, dolores musculares y articulares, y en última instancia, al síndrome metabólico y al cáncer.

Destrucción de la flora intestinal

Si hay dolores articulares, normalmente se prescriben analgésicos y antiinflamatorios esteroides y no esteroides. Todos ellos son agentes que “tapan” la sintomatología molesta, pero de ninguna manera solucionan el problema. Los analgésicos tienen por función hacer que el organismo “ignore” el dolor, pero cuando su efecto pasa, el dolor vuelve. Por otra parte el analgésico, de por si acarrea otros problemas, que se agregan al cuadro.

Los antiinflamatorios no esteroides mejoran los problemas de dolor e inflamación, pero destruyen la flora intestinal, con lo cual, los nuevos ingresantes no tienen el elemento de freno de los microorganismos benéficos. Además, el cloro, agregado al agua potable, no sólo destruye los elementos patógenos, sino que al ingresar al organismo, destruyen también a los beneficiosos. Por ello también es importante la calidad del agua que se bebe. Algunas marcas de agua mineral dicen ser de surgentes y fuentes naturales, cuando en realidad, están tomadas de ríos contaminados. Al agua potable obtenida por estos medios, posteriormente se le agrega cloro, para impedir el crecimiento y propagación de microorganismos patógenos. Pero en algunos casos, el agua embotellada se obtiene de los pasos previos a la clorinación. Por eso, mejor que comprar agua mineral en los kioscos o supermercados, es tener en nuestra casa un filtro que nos purifique el agua de la canilla. Estos filtros quitan no solo el Cl, sino también los metales pesados, que son sumamente nocivos para la salud.

Las radiaciones, antibióticos y quimioterápicos también destruyen la flora intestinal benéfica. Por otra parte, en los países desarrollados (y esta opción se está extendiendo paulatinamente al resto del mundo) las carnes y lácteos de cualquier tipo, de una forma u otra están adosadas con antibióticos y/u hormonas.
Si a todo esto le agregamos un gran consumo de carnes y grasas saturadas, estaremos enlenteciendo el normal curso de la digestión, y ya hemos dicho qué pasa cuando se frena el proceso digestivo.

Otra consecuencia de todo esto, es la constipación. Si al enlentecimiento temporal le agregamos un estado crónico de estreñimiento, se incrementa la posibilidad de una mayor absorción de toxinas con todas las consecuencias que veremos en capítulos posteriores. Dijimos que los antibióticos destruyen tanto los microorganismos malos como los buenos. En este caso, los que ingresen a posteriori serán canto malos como buenos. Ambos estarán en igualdad de condiciones. Pero si de movida no hay suficiente cantidad de los buenos para frenar a los malos, éstos aprovecharán la situación, haciéndose dominante.
Ahora estamos en condiciones de comprender por qué los enlentecimientos producen toxinas, porqué proliferan los microorganismos patógenos, les ganan a los beneficiosos y nuestra salud se deteriora.

Resumiendo, la digestión adecuada debe hacerse en tiempos exactos.
Quien está nervioso, o ha tenido una situación áspera y destemplada, es mejor que no coma. Primero debe tranquilizarse.

En caso contrario, si el tiempo se prolonga obtendremos resultados distintos. Pueden producirse dispepsias fermentativas, y en tal caso:

*
Se acelera el tránsito intestinal y el organismo se libera.
*
No se acelera y se absorben toxinas.

Por lo tanto, para detener toda esta cadena e impedir su continuación, una primera medida para conservar la salud es comer con tranquilidad. Si no tenemos paz, es mejor aplazar el momento de la alimentación, hasta que ese estado se restablezca. Y si hay menos toxinas desde el inicio de un tratamiento de limpieza, la buena salud se reinstaurará más rápidamente.

Bibliografía:
Libro “Suplementos Nutricionales, para una mejor calidad de vida” de la Dra. Analía Nessi, Médica Docente e Investigadora del Conicet.

Fuente: alimentacion-sana.com.ar

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